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VALIDACIÓN de FIRMA FALSA

Detalles

 

 

 

 

 

VALIDACIÓN de FIRMA FALSA

 

Hace algún tiempo, trabajamos un caso en el cual, una persona que resultaba lesionada en sus intereses económicos, señalaba de falsa una firma manuscrita producida en una aceptación de una oferta, aduciendo que era materialmente imposible que la misma fuera producida por el titular de dicha firma, y frente a estas afirmaciones, la persona que admitía la titularidad de dicha firma, exponía que,

no solo si era su firma, sino que además inequívocamente la había realizado o producido para aceptar la oferta en cuestión, que era absurdo que una tercera persona, pretendiera desconocer o reputar de falsa esa firma, cuando él, que era su titular la reconocía y aceptaba como suya, simplemente por haberla realizado de su puño y letra en original y en el lugar donde se encuentra en el citado documento.

 

 

Usualmente las investigaciones sobre falsificaciones de firmas, tienen a un titular negando la autoría de la misma y a un tercero tratando de hacerla valer, en este caso, es al revés, es un tercero quien la reputa de falsa, y es su titular quien afirma y expresa que es de su autoría.

 

La validación de firma falsa, es un caso más frecuente de lo que se detecta y/o denuncia, y admisible en la casuística pericial y judicial.

 

Antes de describirlo, es necesario establecer con claridad las nociones de “Firma Manuscrita”, “Titular de una Firma Manuscrita” y la de “Autor de una Firma Manuscrita”, pues son necesarias para entender la casuística de la llamada “Validación de Firma Falsa”.

 

Es importante establecer claramente, las nociones de Titular y/o Autor de una firma manuscrita; lo normal, es que coincidan en una firma, autor y titular, pero no siempre es así, y es cuando estamos en presencia de una firma falsa, pues, a quien presuntamente se le asigna su titularidad, la niega en autoría, es decir, expresa que no la realizó, que no fue su autor, que no la produjo, y en caso de que luego de los exámenes grafotécnicos, ese desconocimiento prospere en derecho, estaremos frente a una firma falsa con respecto a un presunto Titular, pero esa misma firma, será autentica[1] con respecto a su Autor, en este caso, el falsificador; un caso inverso y muy llamativo, es el llamado caso de validación de firma falsa, que es, una firma manuscrita cuyo titular no fue su autor, es decir, no fue la persona humana quien la ejecuto o realizó, pero que, por interés o necesidad, la reconoce o valida como producida por él (titular) [1]

 

Es importante señalar que la noción “Autentico” en términos grafotécnicos es distinta o diferente a la que se tiene en términos jurídicos.

 

En términos grafotécnicos se habla de una firma o escritura manuscrita autentica, cuando ha sido producida por su titular, es decir, titular y autor son una misma persona, y en consecuencia la autoproclama como autentica firma suya, actuando sobre la premisa de que se le reconoce la titularidad, es entonces cuando una firma falsa, deviene o pretende devenir en autentica (en términos grafotécnicos).

 

Pero veamos algunas nociones, que permitirán comprender mejor la casuística.

 

Firma Manuscrita

 

Es la forma gráfica que escoge una persona, para identificarse frente los demás. También se define como la representación gráfica del nombre, aún cuando muchas veces, es ilegible o en su diseño gráfico, no se pueda leer ni una sola letra. (esta es un definición muy antigua y en desuso).

 

Se trata de un texto muy breve por excelencia, liberado de la sumisión de las presiones de los usos caligráficos, dado que no existen reglas que regulen su formación o creación como tal firma, siendo esto, una de la diferencias fundamentales entre la escritura manuscrita y la firma manuscrita, pudiendo ser figurativa o abstracta.

 

Cuando una persona selecciona un forma grafica, legible o no, de manera inmutable, para ser utilizada como “su firma”, se dice que es entonces “el titular” de esa forma grafica, de esa firma; cuando esta misma persona ejecuta manuscritamente esa forma grafica, además de ser su titular, también es su autor; entonces, cuando titularidad y autoría coinciden, estamos en presencia de una firma autentica en términos grafotécnicos.

 

Titular de una Firma Manuscrita

 

Persona que habiendo seleccionado o escogido voluntariamente una forma grafica manuscrita determinada, legible o no, y la mantiene inmutable por un determinado periodo de tiempo[1], y contiene además consistentemente los movimientos y desenvolvimientos gráficos que eligió, los utiliza y reconoce como su firma manuscrita.

 

La persona habla entonces de “mi firma”, y con ella potencia y valida los contenidos manuscritos o de escritura mecánica contenidos en un documento.

 

Autor de una Firma

 

Persona que ejecuta o realiza una firma manuscrita, sea titular o no de la misma, es decir, puede ejecutar su propia firma o, imitar y/o falsificar la firma de otra persona, e incluso puede producir una firma cuya titularidad es inexistente.

 

Las firmas evolucionan, cambian, se transforman, por lo que, lo que fue una firma autentica en un periodo de tiempo determinado, puede no serlo en otro, baste citar un pequeño ejemplo: Nuestra firma del colegio fue autentica en aquella época y era la reconocida en nuestros exámenes, pero hoy, cinco décadas después, ya no lo es, simplemente por que, nuestra evolución grafica así lo determina.

 

Lo importante de la noción es que, autor es quien realiza o ejecuta una firma manuscrita, de donde:

 

1º) Si es la suya, es decir, si es su titular, entonces estamos en presencia de una firma autentica, pues, autor y titular son la misma persona.

 

2º) Si no es su titular, vale decir, si quien la ejecuto oculta deliberadamente que lo hizo, para que se crea que fue realizada por otra persona, estamos en presencia de una falsificación, pues autor y titular de la firma manuscrita no son la misma persona.

 

3º) Una tercera hipótesis es cuando existiendo un autor de la firma manuscrita, no existe físicamente un titular de la misma, es decir, a la persona a quien se le asigna la titularidad no existe, es una creación en la mente del falsario. Se inventa no solo la firma, es decir, el conjunto de formas graficas, sino que se inventa el presunto titular de la misma, entonces ni el titular de la firma manuscrita ni la firma misma existen previamente, son una invención del falsificador. A todo evento sigue siendo una firma falsa, pues quien la ejecuto o realizó, no asume su titularidad ni reconoce la autoría, y pretende atribuírsela a una tercera persona, existente o no.

 

La validación de firma falsa, ocurre cuando, quien no siendo el autor de una firma, vale decir, quién la ejecuto, realizó o produjo, pero sobre la cual, se le asigna o reconoce la titularidad (se dice que es su firma), la acepta y reconoce como suya aun cuando no la produjo, validando una firma no producida por él, es decir, no es su autor, no la produjo, no la estampo de manera manuscrita, pero, como se le atribuye y acepta la titularidad de la misma, la valida, asumiendo una falsa autoría, con la finalidad de aprovechar los beneficios o efectos jurídicos que de la misma puedan dimanar, en otras palabras, con dicha validación o reconocimiento, una firma falsa puede devenir en autentica por su validación.

 

En este infrecuente hecho, quién procede al desconocimiento o impugnación de la firma, no es el señalado titular, de la firma, sino un tercero, que resulta perjudicado o afectado por el acto o documento al que se le pretende comunicar validez jurídica, por ese reconocimiento o validación.

 

La casuística más conocida, es cuando el titular de una firma, se ve impedido por diversas y/o variadas razones de suscribir un documento, y en su lugar, con o sin conocimiento y/o consentimiento, lo suscribe otra persona (cónyuge, hijo, empleado de confianza, socio, secretaria, etc.) quién falsifica la firma en cuestión, y esta persona, la que no pudo firmar y cuya firma fue falsificada, luego acepta esa firma falsa como suya, como efectivamente producida por el, bien para obtener un provecho o beneficio, bien para evitar un perjuicio o sanción jurídica.

 

Es de observar que, es un caso distinto al de los firmantes a ruego, donde se deja expresa constancia de ello. Algún sector de la doctrina, recoge esta modalidad de falsificación, bajo la denominación de “falsedad inocua”, y citan como ejemplo, la cónyuge que imita la firma del esposo incapacitado, en un endoso de un cheque (de la seguridad social, pensión, etc.) a nombre de aquel, que luego es cobrado y el dinero aplicado a fines autorizados por el esposo no firmante (pago de medicinas, hospitalizaciones, exámenes clínicos, alimentos, rentas, etc.), vale decir, no se genera una victima o perjudicado por la acción falsaria, aún cuando el banco ha sido engañado en cuanto a la autenticidad de la firma, no ha salido perjudicado, pues, en teoría, no habrá reclamos en contra del mismo.

 

Esta casuística, configura una autentica prueba de fuego para los peritos o expertos, pues, en su actividad pericial, enfrentan para desmentir, nada más y nada menos que al titular de la firma que se reputa de falsa, y tienen que demostrar, que la firma no es de su autoría, aspecto que por lo demás no es complicado, pues, la cantidad y calidad del grupo de gestos gráficos y automatismos escriturales, hablaran por si solos y de manera por demás elocuente, y donde el experto deberá explanar de manera sumamente clara en su dictamen esos resultados, pues, deberá dejar extremadamente satisfecho al Juez de causa, que debe dirimir entre el dicho del titular de la firma y el dicho del experto, sobre todo en aquellos casos, de buenas falsificaciones morfológicas, y donde en el decir del profano, "Las firmas son igualitas".

 

Esta modalidad de fraude, no es infrecuente en las empresas, donde diariamente se suscriben múltiples documentos, aceptaciones, contratos, etc. y donde por negligencia o descuido, quedan sin firmar algunos de ellos, y ya es tarde para recoger la firma, y aquí surge la urgencia de falsificar la firma, misma que será después reconocida en autoría por su titular, para evitar la perdida que ello pudo haber ocasionado u obtener los beneficios derivados.

 

Los auditores internos y externos, ignorándolo, se enfrentan cotidianamente con estos casos, documentos de aspecto normal y legitimo, que simplemente tienen una o más firmas falsas, pero que su titular no resiente ni denuncia, por razones obvias, la falsificación.

 

Pedro Miguel Lollett Rivero

 

Abogado – Auditor Forense – Experto Grafotécnico - Examinador Certificado de Fraudes CFE

 

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